En el consejo de guerra previo a Salamina, todos los comandantes de Jerjes votaron por dar la batalla en el estrecho. Todos menos una. Jerjes la felicitó por su buen juicio, hizo lo contrario de lo que ella decía, y perdió el imperio.
Esta historia me toca de cerca y no por lo naval. Es la reunión donde eres la única voz en contra, expones tu análisis, te dicen que es muy interesante, y se decide lo otro. Me ha pasado. Lo que más me marcó de Artemisia no es que tuviera razón: es que se lo dijo en la sala, delante de todos, sabiendo que iba a quedarse sola. Tener razón después es fácil. Decirlo antes, no. — Ethel
Quién era
Artemisia I fue reina de Halicarnaso, ciudad griega de la costa de Anatolia, en lo que hoy es Bodrum, Turquía. Su territorio formaba parte del imperio persa como reino vasallo, una posición común en la costa jonia: griegos de lengua y cultura, súbditos del Gran Rey en lo político.
Llegó al poder por viudez. Al morir su marido, asumió el gobierno como regente de su hijo Pisindelis, que era menor de edad. Y lo que en teoría era una regencia de transición se convirtió en un mandato con peso propio, hasta el punto de que, cuando Jerjes convocó a sus vasallos para la invasión de Grecia en el 480 a.C., ella acudió personalmente al frente de sus naves.
Ese detalle no es menor. Los reinos vasallos aportaban barcos; no era obligatorio que los gobernantes fueran a bordo. Artemisia fue.
Cinco naves
Aportó cinco naves al enorme contingente persa, mandando a los hombres de Halicarnaso, Cos, Nisiros y Calidna. En términos numéricos era una contribución modesta dentro de una flota que se contaba por cientos.
Pero Heródoto señala que sus naves tenían fama de estar entre las mejores de toda la armada después de las sidonias. La calidad compensaba el número, y eso explica que su voz pesara en el consejo pese a mandar tan pocos barcos.
El consejo, que es el corazón de la historia
Antes de Salamina, Jerjes consultó a sus comandantes: ¿dar la batalla naval en el estrecho o no? La respuesta fue unánime a favor. Excepto la suya.
Su argumento, tal como lo recoge Heródoto, tenía tres partes y todas resultaron correctas:
- Los griegos eran superiores en combate naval. Pelear en su terreno preferido era regalarles la ventaja.
- El estrecho anulaba la superioridad numérica persa. En un espacio angosto no se puede desplegar una flota grande; los barcos se estorban entre sí.
- No hacía falta pelear. Los griegos habían abandonado sus ciudades y tenían suministros limitados. Si la flota avanzaba hacia el Peloponeso y les cortaba las bases, la alianza griega se desharía sola por hambre y por desconfianza mutua.
Era una propuesta de guerra logística contra una de guerra decisiva. Y era la correcta.
Lo que hizo Jerjes
Aquí está el detalle que hace la historia memorable. Jerjes la elogió públicamente por la calidad de su consejo — y siguió el de los demás.
La batalla de Salamina fue exactamente el desastre que ella había descrito: la flota persa, encajonada en el estrecho, incapaz de desplegarse, derrotada por una fuerza mucho menor. Suele considerarse el punto de inflexión de las Guerras Médicas.
La maniobra
En medio del combate, un trirreme griego la acorraló sin salida posible. Lo que hizo entonces es lo que la metió en todos los libros: embistió a una nave de su propio bando, probablemente de Calidna.
El resultado fue doble y perfecto. El capitán griego, viéndola atacar a un barco persa, la tomó por desertora o aliada y dejó de perseguirla. Y Jerjes, que observaba desde la costa, creyó que había hundido a un enemigo. De la nave embestida no sobrevivió nadie para desmentirla.
Viendo la escena, Jerjes pronunció la frase que se le atribuye desde entonces: «mis hombres se han vuelto mujeres, y mis mujeres, hombres».
Diez mil dracmas
Los atenienses pusieron precio a su cabeza: diez mil dracmas a quien la capturara viva. Solo por ella, no por ningún otro comandante persa.
La razón que dan las fuentes es explícita y dice mucho de la época: a los griegos les resultaba intolerable que una mujer comandara naves contra Atenas. No era su eficacia militar lo que ofendía, era su existencia. Nadie cobró la recompensa.
El detalle que casi nadie nota
Esto no cabía en el video y es, para mí, lo más interesante de todo.
Prácticamente todo lo que sabemos de Artemisia viene de Heródoto. Y Heródoto era de Halicarnaso. La misma ciudad que ella. Nació allí una generación después de los hechos.
Eso obliga a leerlo con cuidado. No es un cronista neutral: es un paisano escribiendo sobre la gobernante de su ciudad, y se le nota la admiración. El episodio de la nave embestida está contado con algo parecido al deleite, y el retrato general es el de una mujer más lúcida que todos los hombres que la rodean.
¿Significa que lo inventó? Casi con seguridad no: escribía para un público que incluía a personas capaces de desmentirlo, y no oculta lo incómodo —la maniobra de Salamina es, después de todo, hundir a un aliado—. Pero sí conviene decir que tenemos una sola fuente, escrita décadas después, por alguien de su tierra. Es la diferencia entre un hecho documentado y un hecho documentado por su compatriota. Las dos cosas son verdad a la vez.
Qué pasó después de Salamina
El video se cierra con la batalla, pero su historia sigue y tiene un remate irónico.
Con la flota destrozada, Jerjes volvió a consultarla: ¿seguía la campaña en persona o se retiraba? Artemisia le aconsejó volver a Asia y dejar la guerra terrestre en manos de su general Mardonio. Su razonamiento fue de gestión del riesgo: si Mardonio vencía, el mérito sería del rey de todos modos; si perdía, el imperio no habría perdido a su soberano.
Y esta vez Jerjes sí le hizo caso. Se retiró. Además le confió el traslado de varios de sus hijos a Éfeso, una misión de confianza personal que dice más de la estima que le tenía que cualquier frase citada.
La ironía es completa: de los dos consejos que le dio, ignoró el que habría evitado la derrota y siguió el que le salvó la vida.
Sobre su final no hay nada firme. Circula un relato tardío según el cual se habría arrojado desde un acantilado por un amor no correspondido, pero es muy posterior, de fuentes poco fiables, y responde a un molde narrativo que la Antigüedad aplicaba con frecuencia a las mujeres poderosas: reducir una vida política a un desengaño amoroso. Conviene mencionarlo solo para señalar que no se sostiene.
Un apunte final para evitar una confusión habitual: no es la Artemisia del Mausoleo. Aquella fue Artemisia II, gobernante de Caria en el siglo IV a.C., que mandó construir en Halicarnaso la tumba de su hermano y esposo Mausolo, una de las siete maravillas del mundo antiguo y el origen de la palabra «mausoleo». Son dos mujeres distintas, de la misma ciudad, separadas por siglo y medio.
Datos clave
- Quién: reina de Halicarnaso (hoy Bodrum, Turquía), reino vasallo del imperio persa.
- Cómo llegó al poder: como regente de su hijo Pisindelis, menor de edad, al morir su marido.
- Salamina, 480 a.C.: aportó cinco naves y las mandó personalmente.
- El consejo: fue la única que se opuso a dar la batalla en el estrecho. Tenía razón.
- La maniobra: acorralada, embistió a una nave aliada; los griegos la creyeron desertora y Jerjes creyó que había hundido a un enemigo.
- La recompensa: 10.000 dracmas atenienses por capturarla viva. Nadie la cobró.
- La fuente: Heródoto, natural de la misma ciudad que ella.
Preguntas frecuentes
¿Artemisia I existió realmente?
Sí. Está documentada por Heródoto, que escribió una generación después de los hechos y era natural de Halicarnaso, la misma ciudad que ella gobernó. No debe confundirse con Artemisia II, otra gobernante de Caria del siglo IV a.C. conocida por el Mausoleo.
¿Por qué hundió una nave de su propio bando?
Estaba acorralada por un trirreme griego y sin salida. Al embestir a un barco aliado consiguió que los griegos la tomaran por desertora y dejaran de perseguirla, mientras Jerjes, desde la costa, creía que había hundido a un enemigo.
¿Qué dijo Jerjes sobre ella?
Al verla maniobrar en Salamina, se le atribuye la frase «mis hombres se han vuelto mujeres, y mis mujeres, hombres». La había elogiado también antes de la batalla, cuando fue la única en aconsejarle que no combatiera en el estrecho, aunque no siguió su consejo.
Fuentes
- Artemisia I of Caria — World History Encyclopedia
- Artemisia: Warrior Queen — U.S. Naval Institute
- 7 Facts About Queen Artemisia I of Caria — TheCollector
Las imágenes ilustrativas de este video fueron generadas con IA; cualquier figura humana es una recreación artística, no un retrato de una persona real.
Creado por Ethel Méndez · Serie Mujeres que hicieron historia.






