Producto, observabilidad y una curiosidad que no se apaga.
Todo lo que hago gira alrededor de producto y observabilidad: soy ingeniera en electrónica y comunicaciones que terminó liderando producto, y ese orden no es casualidad. Entendí primero cómo funciona la infraestructura por dentro, y después aprendí a traducir eso en decisiones de negocio. Esa doble mirada —técnica y comercial— es el hilo conductor de todo lo que hago en producto y observabilidad.
- Producto
- Observabilidad
- Infraestructura
- IA
- Gatos
- Vochos
Cómo llegué hasta aquí
Tengo veinte años de trayectoria profesional, y ese número no es una cifra de currículum: empecé como ingeniera de campo jalando cable, seguí como ingeniera de NOC atendiendo tickets y sobreviviendo madrugadas enteras de mantenimiento, y de ahí escalé hacia servicios administrados de punta a punta para empresas de tecnología en LATAM: colaboración, SD-WAN, gestión de gasto de TI y, en los últimos años, observabilidad.
Cada etapa me dejó algo que uso todos los días: el trabajo de campo me enseñó a respetar la infraestructura real, el NOC me enseñó a pensar en incidentes y tiempos de respuesta, y los años de servicios administrados me enseñaron a traducir todo eso en un modelo de negocio que un cliente entienda y pague con gusto.
Lo que hago hoy
Hoy estoy creando, desde cero, un servicio de observabilidad para el sector retail. No adaptando uno que ya existía: definiendo qué se mide, con qué arquitectura, cuánto cuesta y qué le tiene que resolver a una operación de tiendas que no puede parar. Es lo más difícil y lo más divertido que he hecho en producto, y todavía no termina.
Con Splunk, ThousandEyes y AppDynamics trabajo de forma práctica —desde la prueba de concepto hasta el modelo comercial—; con Datadog mi terreno es más teórico y de certificación, lo suficiente para diseñar la oferta y entenderme con el vendor, aunque el hands-on operativo todavía no es mío. Y sigo estudiando en serio: actualmente curso un Master de IA, y hace poco me pasé un domingo entero estudiando arquitecturas de Splunk —índices calientes, tibios y fríos, dimensionamiento de hardware— para llegar preparada a una sesión con alguien que sí es arquitecto. No soy arquitecta. Pero si voy a diseñar el servicio, tengo que poder sostener esa conversación.
Soy autodidacta por naturaleza, y esa curiosidad es la base de todo lo que sé hoy de producto y observabilidad. Mis certificaciones —CCNA, CCNP dos veces, ITIL, Splunk Observability, Cisco AI Infrastructure, CPMM y AIPMM, además de decenas de cursos en Cisco U— no vinieron de un plan de carrera diseñado por alguien más, sino de perseguir preguntas hasta el final. Es la misma curiosidad que me hace tomar notas a mano y con colores, o abandonar un curso sin culpa en cuanto deja de enseñarme algo nuevo.
Mi ruta profesional
De campo a NOC, de servicios administrados a producto.
Antes de todo esto: una licuadora y una antena en Oaxaca
La primera cosa que desarmé en mi vida fue la licuadora de mi mamá. No para arreglarla —funcionaba perfecto—, sino porque necesitaba saber qué había adentro. Esa es, más o menos, toda mi carrera resumida en una escena.
Mi primera computadora llegó a los quince años, y lo primero que hice con ella fue descomponerla bajando cosas con Ares. También armé mi primer sitio web a mano, en HTML puro sobre GeoCities, para publicar los fanfics que escribía. Ahí aprendí que si algo no existe, se construye —y que la primera versión siempre sale fea.
Redes las aprendí sola. Descargaba los videos de Jeremy Cioara en CBT Nuggets de donde se pudiera, los veía una y otra vez, y después reproducía todo en un laboratorio en casa. Años más tarde, ya trabajando, estudiaba inglés por las noches y me aventaba dos horas de camino a la oficina cada mañana. Nadie me pidió ninguna de las dos cosas.
¿Mi debut oficial en la infraestructura crítica? Haciendo servicio social en Telégrafos, reorienté una antena satelital y dejé a Oaxaca sin telefonía unas dos horas. 📡 Aprendí, a los diecinueve años y de golpe, que del otro lado del cable siempre hay alguien esperando el tono.
Historias que no salen en ningún manual
Cada salto me dejó anécdotas que ninguna presentación se atreve a contar: de una consultora a un operador de telecom, de ahí a los servicios administrados de un banco, luego a una empresa que hoy ya ni existe, y por fin a producto. Durante años, literalmente, yo fui el monitoreo: cada mañana marcaba a mano cada conmutador del país con mi teléfono y anotaba “ok” en un Excel. Si algo se caía, me enteraba porque sonaba el teléfono, nunca porque un tablero me avisara.
Y vi de todo. Un cliente me pidió equipo nuevo porque “se lo llevó el río” (sí, literal); semanas después, otra vez, porque un mapache y una iguana se pelearon en los cables de alta tensión y lo quemaron todo. 🦝⚡ Un UPS que “funcionaba” no arrancó el día del apagón porque unas ratas se habían comido los cables por dentro. Y resolví un Wi-Fi que llevaba meses tumbando una sede y que ya había derrotado a varios ingenieros: era un certificado escondido en unas laptops.
¿Lo confieso? Todo eso me hizo montar mi propio laboratorio en casa. Alguna vez copié el audio del IVR de una empresa para probarlo en mi gateway y hasta lo conecté a mi línea de teléfono: si me llamabas, escuchabas un IVR en lugar de mi voz. 😄 No aprendí observabilidad en un curso; la aprendí por su ausencia, a los golpes. Por eso hoy me dedico a construir la visibilidad que a mí me faltó.
Cómo acabé en observabilidad: por aburrimiento
Nadie me asignó esta especialidad. Yo andaba en un área de marketing y comercio electrónico, aburridísima, y fui a ofrecer ayuda a otro equipo nada más por no quedarme quieta. Me contestaron con una pregunta: “¿quieres ver observabilidad con Splunk?”. Dije “jalo”. Eso fue todo. Ahí empezó lo que hoy es mi carrera.
Cuento esto porque las historias de especialización suelen contarse como si hubieran sido un plan. La mía fue una tarde de aburrimiento y un sí dicho a tiempo. Lo que vino después —los cursos, las certificaciones, los laboratorios— sí fue trabajo. Pero la puerta se abrió por curiosidad, no por estrategia.
El trabajo de producto que más disfruto
Lo que más disfruto del trabajo de producto es el ciclo completo: prototipar una idea, analizarla contra un mercado real, lanzarla, y sostener las conversaciones necesarias —con ingeniería, con comercial, con el cliente— para que lo que se lanza sea lo que realmente se puede sostener después.
Ahí es exactamente donde se encuentran mis dos lados: hablo el idioma de los ingenieros porque vengo de ahí, y eso me permite traducir entre ellos y el resto del negocio sin perder ni la parte técnica ni la comercial en el camino hacia el lanzamiento.
El camino no siempre fue lineal
No vengo de una maestría en administración ni de un pedigrí clásico de producto. Vengo de ingeniería, y abrirme paso en un mundo donde el product management suele asumirse como territorio de otros perfiles ha significado demostrar dos veces lo que otros demuestran una.
A eso se suma el reto de construir una marca profesional propia —este sitio, mis publicaciones— mientras sostengo un rol operativo de tiempo completo. No es una queja: es simplemente el costo de apuntar a algo, una posición senior de producto en un vendor B2B como Datadog, Kentik o Cisco, que todavía no existe en mi camino, sino que estoy construyendo yo misma, un curso y una certificación a la vez.
Algo que he aprendido de mí en el proceso: funciono mejor bajo una fecha límite real y una estructura concreta. La presión de un entregable no me paraliza, me activa. Y al revés, la falta de estímulo sí me cuesta trabajo sostener —cuando algo deja de retarme, mi atención se va sola a otro lado. Por eso este sitio también es una forma de mantenerme retada: escribir obliga a pensar con más rigor del que exige una conversación de pasillo.
Fuera de la oficina
Fuera del trabajo sigo siendo, básicamente, la misma persona curiosa. Estoy aprendiendo portugués brasileño en serio, mientras mantengo mi inglés vivo a punta de práctica constante, no de clases formales.
Soy fan de anime desde hace años —Saint Seiya marcó una parte importante de mi manera de pensar en historias largas y consistentes, y disfruto también Jujutsu Kaisen y Moriarty the Patriot.
Gatos, vochos y rutas poco obvias
Soy team gatos sin discusión, y colecciono carritos a escala de vochos —cada uno con su propia historia de dónde lo encontré. Me gusta el café de especialidad, los mercados locales, las tiendas de segunda mano y los museos que tienen algo real que enseñar de historia.
Cuando viajo, prefiero perderme en una cripta arqueológica o una librería universitaria que hacer la ruta turística obvia; la arquitectura medieval repetida, honestamente, me aburre rápido. Prefiero profundidad a repetición, en los viajes y en el trabajo.
Lo que escribo y produzco
Si llegaste hasta aquí, esto es lo que vas a encontrar en el sitio —y por dónde te recomiendo empezar.
🔭 Observabilidad, sin humo
Guías y aprendizajes de campo sobre observabilidad, métricas, logs, trazas y las herramientas que uso todos los días.
- ¿Qué es observabilidad y por qué no es solo monitoreo?
- Observabilidad: ¿nube o on-premise?
- OpenTelemetry explicado sin drama
🎬 Mujeres que hicieron historia
Fuera de la tecnología, produzco una serie en video sobre mujeres muy antiguas, grupos y oficios olvidados de todo el mundo. Una nueva cada semana.
Ver la serie →Ver todas las biografías →
Por qué escribo esto
Este sitio existe porque quiero que las conversaciones que ya tengo sobre producto y observabilidad, y sobre el mercado B2B en LATAM, lleguen a más gente que piensa en los mismos problemas. Si estás construyendo algo parecido, o si simplemente te interesa cómo se ve la observabilidad desde el lado del producto y no solo desde la ingeniería, este es un buen lugar para empezar.
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