Hace cuatro mil años, en la ciudad más antigua del mundo, hacer cerveza era trabajo de mujeres. Y la ley lo daba tan por hecho que, al regular las tabernas, escribía «ella».
Lo que me atrapó de esta historia no fue la cerveza: fue la receta cantada. En una sociedad donde casi nadie leía, el conocimiento se guardaba en una canción para que no se perdiera. Me dedico a la observabilidad, que es exactamente eso — que el saber de cómo funciona algo no viva en la cabeza de una sola persona. Ellas resolvieron el problema con música. — Ethel
Una diosa, no un dios
Empecemos por la señal más clara. En el panteón sumerio, la divinidad de la cerveza era Ninkasi, una diosa. Su nombre se traduce aproximadamente como «la mujer que llena la boca», y no era una figura menor: la cerveza era un alimento básico, no un lujo, y quien la presidía ocupaba un lugar central en la vida cotidiana.
Eso no es un detalle mitológico suelto. En las sociedades antiguas, el sexo de la divinidad que gobierna un oficio suele reflejar quién lo ejercía. Y las representaciones lo confirman: como recoge la revisión histórica de Wine Enthusiast, la mayoría de las imágenes antiguas de personas elaborando cerveza, tanto en Mesopotamia como en Egipto, muestran claramente a mujeres.
El himno que era una receta
Hacia el 1800 a.C. alguien grabó en arcilla el Himno a Ninkasi. Durante mucho tiempo se leyó como un poema religioso más. Pero al traducirlo con cuidado apareció otra cosa: es también un manual de elaboración. Describe el proceso paso a paso, empezando por el bappir, el pan de cebada que servía de base, siguiendo por el remojo, la fermentación y el filtrado.
Es decir, es a la vez una alabanza y un procedimiento técnico. Y ahí está lo que casi nunca se cuenta: era un texto para cantarse. En una sociedad con muy baja alfabetización, poner el procedimiento en verso y con música era la manera de que se transmitiera intacto de una generación a otra. La canción era el formato de almacenamiento.
El detalle tiene una consecuencia bonita: en 1989, la cervecería estadounidense Anchor Brewing intentó reproducir la receta siguiendo el himno, y consiguió una cerveza bebible. El texto funcionaba.
El único negocio propio
Ahora la parte económica, que es la que cambia el peso de toda la historia. Las mujeres sumerias tenían muy pocas vías para ganarse la vida de forma independiente. La taberna era una de ellas: podían abrir un local y llevarlo ellas mismas, no como ayudantes de un marido, sino como titulares del negocio.
Eso significaba ingresos propios, clientela propia y una posición reconocida en el barrio. En una estructura social donde la mayoría de las mujeres dependían económicamente de un hombre, una tabernera era una excepción visible.
Cuando la ley escribe «ella»
El Código de Hammurabi, hacia 1792 a.C., dedica varios artículos a regular las tabernas: precios, medidas, fiado, conducta. Y lo hace en femenino. Al referirse a quien lleva el establecimiento, el texto usa sistemáticamente «ella».
Esto es más revelador que cualquier crónica. Una ley no describe excepciones: describe lo normal. Que el legislador diera por supuesto que la persona al frente de una taberna era una mujer significa que lo era en la práctica, de forma tan generalizada que ni se planteó la alternativa.
Pero no eran leyes protectoras
Aquí conviene frenar el entusiasmo, porque la historia se cuenta a menudo como si Mesopotamia hubiera sido un paraíso de emprendedoras. No lo era. Esas leyes eran duras, y caían sobre ellas.
Regulaban con severidad el precio y la calidad de lo que servían. Y una de las disposiciones más citadas ordena ejecutar a la tabernera que no denuncie a los conspiradores que se reúnan en su local. Es decir: el Estado convertía a la dueña del negocio en informante obligatoria, bajo pena de muerte.
La lectura honesta es doble. El oficio les daba independencia económica real, algo excepcional para su tiempo. Y exactamente por eso las ponía en el radar del poder: una taberna es donde la gente habla, y quien controla ese espacio se vuelve responsable de lo que ahí se dice.
De la taberna al trono
Hay un caso que cierra el círculo. Kubaba, la única mujer que aparece en la Lista Real Sumeria —el registro dinástico que enumera a los reyes de la región—, fue tabernera antes de reinar en Kish, hacia el 2500 a.C.
La lista es un documento político, no una biografía, y no explica cómo ocurrió el salto. Pero el hecho de que su oficio anterior quedara registrado, y que ese oficio fuera precisamente el de tabernera, dice algo sobre qué caminos existían. No era una puerta ancha, pero existía.
A Kubaba le dedicamos su propio video, el número 6 de esta serie.
Lo que pasó después
Este es el material que no cabía en el video, y explica cómo se perdió todo lo anterior.
El patrón se repite en la historia de casi todos los oficios: mientras la elaboración es doméstica y de subsistencia, la hacen mujeres; cuando se vuelve comercial y rentable, aparecen los hombres. Las propias fuentes lo señalan con claridad: en las representaciones más tardías, cuando la producción de cerveza se organiza a escala, ya aparecen hombres, y aparecen supervisando a las cerveceras que siguen haciendo el trabajo.
No hubo un decreto que expulsara a las mujeres del oficio. Hubo algo más lento y más difícil de señalar: la actividad se profesionalizó, se gremializó, se vinculó a la propiedad y al crédito, y en cada uno de esos pasos la puerta se fue estrechando. El trabajo siguió siendo suyo; el negocio dejó de serlo.
Qué bebían exactamente
Vale la pena aclarar qué era esa cerveza, porque no se parecía a la de hoy y eso explica su papel social.
Era espesa, turbia y sin filtrar, con los restos del grano flotando y depositados en el fondo. Por eso las representaciones antiguas muestran a la gente bebiendo con largas cañas introducidas en una vasija común: la caña permitía llegar al líquido por debajo de la capa de sedimento. No era una excentricidad ritual, era ingeniería doméstica.
Y no era principalmente una bebida recreativa. Era alimento. Aportaba calorías, algo de proteína y vitaminas del complejo B procedentes de la levadura, en una dieta que dependía casi por completo del cereal. En un entorno donde el agua podía estar contaminada, la fermentación la volvía además más segura de consumir.
De ahí que apareciera en las cuentas del Estado. En los archivos administrativos aparecen raciones de cerveza entregadas como parte del pago a trabajadores y funcionarios, junto con la cebada. Una tabernera, entonces, no vendía un capricho: participaba en la cadena de alimentación de la ciudad. Eso ayuda a entender por qué la ley se ocupaba tanto de ella.
Y explica también la otra cara del oficio. Un local donde se sirve el alimento líquido de media ciudad es, inevitablemente, el lugar donde la ciudad se reúne y conversa. La taberna era el único espacio semipúblico regentado por una mujer al que entraban hombres de todas las condiciones a hablar sin vigilancia. Visto así, la dureza de la ley deja de parecer un capricho del legislador: era el precio de administrar el sitio donde circulaba la información.
Datos clave
- Dónde y cuándo: Mesopotamia, desde el tercer milenio a.C.
- La divinidad: Ninkasi, diosa de la cerveza. Su nombre significa aproximadamente «la mujer que llena la boca».
- El himno: hacia 1800 a.C., alabanza y receta a la vez, pensada para cantarse y así no perderse.
- El negocio: las mujeres podían abrir y llevar su propia taberna, una de las pocas vías de independencia económica.
- La ley: el Código de Hammurabi (h. 1792 a.C.) regula las tabernas hablando de la titular en femenino.
- El precio: una disposición ordena ejecutar a la tabernera que no denuncie conspiraciones en su local.
- El caso extremo: Kubaba, tabernera y después la única mujer de la Lista Real Sumeria.
Preguntas frecuentes
¿Es cierto que la cerveza la inventaron las mujeres?
«Inventar» es difícil de sostener para cualquier producto tan antiguo. Lo que sí está documentado es que en Mesopotamia y Egipto la elaboración era trabajo de mujeres, que la divinidad asociada era una diosa, y que las representaciones antiguas muestran mujeres haciéndola.
¿Qué es el Himno a Ninkasi?
Un texto sumerio de hacia 1800 a.C. que alaba a la diosa de la cerveza y, al mismo tiempo, describe paso a paso el proceso de elaboración. Estaba pensado para cantarse, que era la forma de conservar el procedimiento en una sociedad donde casi nadie leía.
¿Las taberneras tenían derechos especiales?
Tenían algo más raro que derechos: un negocio propio. Podían abrir y regentar tabernas por cuenta propia. Pero la ley que las reconocía también era severa con ellas, hasta el punto de castigar con la muerte a la que no denunciara conspiraciones en su local.
Fuentes
- The Hymn to Ninkasi, Goddess of Beer — World History Encyclopedia
- A Sip from an Ancient Sumerian Drinking Song — Smithsonian Magazine
- A Brief History of Women and Beer — Wine Enthusiast
Las imágenes ilustrativas de este video fueron generadas con IA; cualquier figura humana es una recreación artística, no un retrato de una persona real.
Creado por Ethel Méndez · Serie Mujeres que hicieron historia.
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